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Nuestra familia es
descendiente de agricultores por más de tres generaciones.
Conocimos la
agricultura en sus procesos de
desarrollo con las tecnologías que surgieron a partir de los
años 50. Sufrimos
sus consecuencias socioeconomicas y emigramos a la ciudad como otros
también en busca de un bienestar
que nunca logramos.... Y fue, años despues, en la ciudad,
donde conocimos que hay otra manera de
cultivar: la autosustentable, biológica u
orgánica. Comenzamos a aprender con
pequeñas experiencias, y difundir y conocer mas cada vez, hasta
tomar la decisión
definitiva de volver a la tierra. Fue hace diez años
cuando encontramos esta
finca y volvimos
a vivir al campo, con
nuevas esperanzas y la certitud de estar encontrando nuestras
raices.
Ignacio con la primer
cosecha de zapallos
Comenzamos con
cero
recursos, pero mucha voluntad. Cada cosa en la finca ha sido
construida con
esfuerzo de toda la familia, pero las cosas hechas a pulmón
siempre llevan mas
tiempo. Así que hoy, a diez años de comenzar, nos
encontramos aún en la etapa de
construcción, pero ya vemos logros y resultados también
en nuestro suelo
fértil y lleno de frondosa biodiversidad, qué nos brinda
gran parte de nuestro
alimento y un entorno que nos satisface.

Ignacio comenzando a construir la casa
Nuestra familia es
pionera en la provincia de Mendoza en el desarrollo y experiencias
prácticas de
agricultura orgánica. Desde hace 18 años,
comenzando como consumidores, hasta
agricultores, hemos atravesado las diferentes etapas, siempre
difundiendo,
promoviendo el cuidado del medio. Hemos participado en eventos
relacionados,
fundado agrupación de pequeños productores en la
provincia, etc. Hoy nuestra
historia es un referente en el desarrollo local
de la Agricultura Orgánica Mendocina.
Ana y la huerta en la
ciudad
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